Simplemente sonreí

Luego de haber pasado horas tomando algunos tragos con sus amigos, 4 horas con 35 minutos para ser exactos, ella me dice que debemos irnos, o mejor dicho, qué debo acompañarla a su casa. La conversación en el bar con sus amigos me mantuvo alejado, solo la miraba y sonreía de lo que sus amigos decían, intentando mostrarme amigable. Total, ellos no me importaban. En cambio, no perdí de vista sus gestos. Ella sonreía delicadamente y algunas veces la escuché decir algo fuera de lugar. Pero no le tomé importancia, y sonreí. Entramos a las 6 al bar. Estaba oscureciendo y la zona era muy sola, solo algunos viejos borrachos cantaban en la entrada del bar. A las 6 y 15 pedimos la primera ronda de cervezas. Ella me preguntó delicadamente, como todo en ella, que si me sentía a gusto. Le respondí afirmativamente con mi cara, pero me puse nervioso. Me provocaba decirle que prefería estar a solas con ella, qué en vez de escuchar estupideces de sus amigos, pero como siempre en esa noche, solo sonreí. A las 6 y 40 hablaron de deportes, a las 7 y 20 hablaron de carros, a las 7 y 50 no hablaron y solo se reían. Yo solo esperaba en que momento, ella voltearía y conversaría conmigo. Pero no pasó. Justo a las 8 y 50 no aguanté más mi silencio interno y le toqué el hombro, ella me miró y esperó de mí algunas palabras. En ese momento dejé de escucharlos a todos. Tampoco escuché el canto de los borrachos en la entrada. Me aceleré, y solo sonreí. Ella, amigable como siempre, también sonrió. No supe que decir así que el ruido volvió a mi escena y todo continuó como si nada.

A las 10 y 35 empezamos a levantarnos uno por uno de la mesa, pedimos la cuenta, pagamos y salimos. Me despedí de todos sus amigos, aunque sé que no los veré más, o si los llego a ver no los saludaré, igual debí ser amigable y sonreír. Quedamos solos, me tocó llevarla a su casa. Le abrí la puerta del carro y sonreí. En el camino no conversamos. Me sentía tan bloqueado luego de tener tantas horas sin poder emitir una palabra. Ahora solos, me tocaba decir algo. Algunas veces, cuando detenía el carro, por algún semáforo, volteaba y la miraba. En ese momento, sentía el mismo ritmo cardiaco que sentí en el bar cuando le toqué el hombro, pero justo cuando se me ocurría algo para decir, cambiaba el semáforo y dejaba de mirarla.

Luego de unos minutos llegamos a su casa. Nos bajamos y la acompañé a su puerta. Al pasar unos segundos tomé aire, solo para decirle que me agradó su compañía esta noche. Ella sonrió, tomó mi mano y me invitó a pasar a su casa. Yo, como siempre en toda la noche, pero esta vez con mayor fuerza, sonreí.

“Jefe . . .”

 11ra Frase: “No te puedo seguir escuchando

Proyecto : “Corazón de Sapo”
-Buenos días jefe. La razón, por la que vengo a su despacho, es para notificarles y pedirle algunas cosas.
-Lo escucho.
-Lo primero, es para felicitarle por su magnifica gestión como presidente en nuestra empresa. Desde que llegó usted muchas cosas han cambiado acá, y para mejor. Lo segundo que quería decirle o bueno pedirle en este caso, es que si habría la posibilidad de que yo reciba un aumento por mis años de servicio en esta empresa. Usted sabe..
-Lo siento. No te puedo seguir escuchando, tengo una reunión en 10 minutos. ¿Podemos conversar ahora?
-…

“Obama no mira el reloj”

10ma Frase: “Obama no mira el reloj”

Proyecto “Letra Imprenta”
Obama no mira el reloj. Nunca lo mira. Ni si quiera para levantarse en las mañanas, y mucho menos cuando decide invadir países del medio oriente o aquellos donde le petroleo sea abundante. Aunque, pensándolo bien, el no debe mirar el reloj porque no es el quien toma las decisión de matar, ni mucho menos es el quien mata. Sobre el hay una cantidad de personas que maquinan todo, y no sienten nada por el dolor ajeno. Y debajo de el hay una cantidad de personas que no maquinan, matan y destruyen todo. Pro honor a su nación y decisión de unos hijos de puta. Si todos estuviéramos conscientes de esa situación, incluyendo los que están debajo de obama, quizás las noticias sean otras, los medios de comunicación no serían armas para el control masivo y el recurso natural sería utilizado razonablemente, inclusive . . .
-¡Dios mio! ¿Esa es la hora? Debo ir a la peluquería y yo acá hablando paja.

¿Cómo decir adios?

10ma Frase: “¿Cómo decir adiós?”
Proyecto Corazón de Sapo
¿Cómo decir adios? Simple, mantienes la respiración pausada, la mirada en alto y fija al objetivo, y por ultimo, sonríes con un adiós, que debe ser con firmeza y dureza.
-Pero ¿Cómo así? ¿Debo ser rudo?
-!Claro¡ sin remordimientos, rudo y crudo, y hasta maldiciendo si es necesario.
-No estoy seguro de querer hacerlo de ese modo.
-Se que cuando la tengas al frente de ti lo harás.
-Sabes algo, lo he pensado mucho estas ultimas noches, y lo mas seguro es que no me separe de ella. La necesito.
-No joda. ¡Anda a joder a otro entonces!

Violeta verdoso

Diluye el solvente sobre la fachada gastada
de tus miradas ya tristes,
recuerdos violentos.
Esconder el llanto sobre una hoja de papel
no debería ser la solución,
no debería ser tu opción.
Un violeta verdoso
Es trazado sobre tu lienzo
Mientras el grafito relata lagrimas de dolor.
¿Miento?
Interactúas creando historias nuevas,
Cada una con finales distintos,
Sin darse cuenta.
El color es el mismo.
Violeta verdoso

 

“El Sastrecillo Valiente”

9na Frase: “A veces la política parece sucia”

Formato: Un cuento de hadas versionado para adultos

PROYECTO “LETRA IMPRENTA”

En un pequeño pueblo de azerbaijan vivía un sastre muy trabajador, dormía muy poco y mantenía poco empatía con la gente de su comunidad. Trabajaba día y noche, dormitaba de 3 a 4 horas diarias. Dentro de su comunidad vivían al rededor de 100 personas, algunos alcohólicos, otros un poco chismosos y algunos mal humorados, específicamente eren 7 los mal humorados. Mantenían a la pequeña comunidad en sosobra. Molestaban, insultaban y robaban a todo aquel que se metiera en su camino. Muchas veces pasaron por el sitio de trabajo del sastre y lo robaban y lo golpeaban. Un día, el sastre estaba cansado de tal situación y compró una escopeta de gran calibre. Justo un viernes, después de las 3 de la tarde, los mal humorados decidieron pasar por el local del sastre. Como siempre, llegaron gritando, insultando y tomando lo que no es suyo, en esos momentos el sastre salto y tomo su arma. Todos los malhumorados se asustaron y se apilonaron uno sobre otro en la esquina del local. El sastre sin pensarlo soltó un solo disparo. El sastre tomo un aire, bajo el arma y sonrió. Siguió con su trabajo cotidiano pensando que mas tarde recogería el desastre.
Una tarde, de esas que debería estar trabajando, decidió salir a la calle del pueblo, pero no vestido de forma convencional. Tenía una traje muy llamativo de colores fuertes y en el cinturón tenía unos detalles, 7 para ser exactos, que explotaban aun mas la atención de los del pueblo. Tenía un cinturón de cuero con 7 narices picadas y colocadas simétricamente en todo el cinturón. Eran las narices de los mal humorados. El sastre las colocó, de manera que el pueblo viera que mato a los mal humorados, y cada vez que las personan le veían el cinturón, el decía: -mate a los 7 mal humorados de un solo tiro. Acá está la muestra- entre eso las personan aplaudían y se emocionaban al escucharlo. Sentían alegría por no volver a ver a los mal humorados. Entre las personas estaba un oficial de policía, que por ser un pueblo de 100 personas, era el único que existía. Asombrado de lo que escuchaba, llamo al sastre para conversar en privado. El oficial, asombrado de tal proeza, pidió ayuda al sastre para que asesine a malhechores y mas mal humorados que vivían en pueblos vecinos, ofreciéndole gran cantidad de oro por dicho trabajo. El sastre, aun con su animo muy alto, acepta y va al instante a cumplir con su primer pedido. A los pocos minutos regresa con dos narices en sus manos, dando respuesta de que había asesinado a sus dos primeras personas. Luego, en cuestión de horas regresa con 5 narices mas y al día siguiente regresa con 8 narices mas. El oficial está feliz y sigue mandándolo a mas misiones de asesinato. Luego, en cuestión de meses, el oficial no tiene a quien mas asesinar y le entrega una carta al sastre que dice en la parte superior; El rey Carlos IV. El sastre se emociona y piensa que es una condecoración y la abre desmesuradamente. La carta decía:
Señor Albertino Lorenzo “sastre” montecarlos, le escribimos esta carta para hacerle llegar una orden de detención por el asesinato de 22 persona. Se despide el Rey Carlos IV y su despacho.
El sastre solo levanta la mirada de la carta y mira con odio al oficial.
A veces la política parece suciacomenta el sastre con gran odio y resignación, mirando al oficial por haberle hecho caso en su pedido de asesinar. El oficial sonríe y saca las cadenas.